viernes, 26 de septiembre de 2008

Uno más uno, son uno.

En honor a un gran filósofo tanguero y amigo, que quiere compartir en este espacio sus vivencias, opiniones y pensamientos a cerca de este gran arte que es el Tango. Gracias Miguel por dejar tu huella por aquí. Un placer leerte.

Por ahí andaba, curioseando por la sala y observando el gran espejo que había en un lateral. Había llegado cinco minutos antes de la hora fijada.
A medida que se acercaba el momento de iniciar la clase, las personas iban llegando. Las habías de todas las edades y de toda estructura física.- ¡El tango te cambiará la vida! – recordaba aquella frase de su amigo y profesor, mientras veía que los alumnos se iban cambiando de zapatos y el profesor buscaba entre las cintas de cassette una a su gusto para iniciar la clase. –
¡Tómate a esa chica! – le dijo señalando a una muchacha de unos 22 años que había decidido realizar esa actividad, junto con otras, para ocupar algunas horas que le quedaban libres en su carrera de químicas. Se acercó y después de presentarse le preguntó: - ¿Llevas muchos días viniendo a clase?.– No he comenzado la semana pasada, como la mayoría de nosotros – le contestó ella. Las clases en el gimnasio de la Universidad habían comenzado dos semanas atrás y todos los que allí se reunían para aprender Tango estaban en los inicios.
La música empezó a sonar mientras se oía la primera orden del profesor: - Todos en fila. Vamos a aprender a caminar en el Tango. Paso, peso, paso, peso…La mujer avanza con el peso y el paso a la vez. El hombre primero da el paso y luego lleva el peso. Tensión articular de rodilla para bajar el centro de gravedad – dijo el profesor tocándose el vientre con la mano.Paso, peso, paso, peso… ¡¡había que aprender a andar otra vez!!.
A las pocas semanas el profesor les estaba enseñando el ocho adelante – con el paso básico y el ocho adelante ya podéis bailar Tango en cualquier sitio. Y así fue. Al poco tiempo comenzaron las Milongas por varias salas de la ciudad. La verdad es que lo que nos faltaba de técnica lo suplíamos con apasionamiento y entusiasmo. Incluso algunas peculiaridades de cada alumno jugaba a favor de la creatividad. Así, alguno que tenía algún rasgo de lateralidad invertida, o dislexia en la imitación de movimientos, repetía los movimientos del profesor invirtiéndolos, lo que daba origen a otros pasos nuevos y la apertura a nuevas posibilidades técnicas.
Pero no hay Paraíso estable. Todo es evolución. Y al numeroso grupo de alumnos, a los pocos años, se le había quedado pequeño el Edén que creó para ellos su profesor y Maestro. Tal vez pase siempre así y en todas las disciplinas de la vida.
Pronto olvidaron las genialidades que les regalaba en cada clase y que, tal vez por la novedad de los conceptos, les pasaron inadvertidas: “En el Tango uno más uno son uno”. O la filosofía con la que acompañaba a las instrucciones técnicas que les daba en cada clase: la vida de los gauchos, los rincones de BsAs, los grandes Maestros del Tango y su humildad. También la fiereza de la competitividad ayudó a arrinconar aún más al Maestro. Pero siempre perdurará la gran máxima que la mayoría de ellos ha olvidado:
“El Tango no existe, se crea a cada momento, a cada paso, a cada silencio”
Ellos, los que lo abandonaron, se quedaron con la “forma” y olvidaron la “manera”. Olvidaron que sin “manera” no hay Tango y que sin filosofía no hay “manera” y que sin humildad no hay ser humano.

4 comentarios:

Ana Chéliz dijo...

Que difícil es hacer entender a muchas personas el concepto de que en el tango, (y en otros ámbitos también..)uno más uno, son uno, verdad?

Lo maravilloso es sentirlo así.

Gracias por tus historias, seguiremos compartiendo experiencias.

Un saludo,

Ana

francisco dijo...

Dice el maestro Rodolfo Mederos que el arte debe ser capaz no sólo de emocionarnos sino de cambiarnos; de no ser los mismos antes y después de que el arte nos toque.Agrega que la mayorìa de las personas apenas se asoman al tango, pero para entender su esencia esto no basta.
El tango puede cambiar nuestras vidas y aprender a bailarlo es solo una de sus facetas.Para quienes estamos lejos de Bs.As. y queremos interiorizar el tango, ayuda sumergirse en el ambiente porteño a través del cine, de la literatura, de la letra e historia de sus tangos, del lunfardo, del vivir cotidiano de la gente, de los blogs milongueros, de la Historia de Argentino-uruguaya.
Para bailarlo no basta con aprender unas técnicas (que efectivamente se necesitan) si no estamos conectados a la música y a nuestra pareja.Si logramos estas dos cosas, los pasos llegarán solitos y los dos por fin seremos uno.
Un abrazo desde Colombia!

Zapatito de Dama dijo...

hola chicos, me alegro de la vuelta.Qué curioso este concepto verdad?.Son uno?.Son dos, siempre dos que tienen que conseguir la dificil tarea de ser unísonos.En esto y en las otras facetas de lavida, trabajo, amigos, pareja, hijos...como bién dices es así también.Me gusta!!!!, en el baile y en otras tareas, conseguir ir al unísono con otras personas, sin que nadie deje de ser.Es la virtud de ser equipo.

Un abrazo
Ya sabes Ana que estos pensamientos diferentes los compartimos desde el día que tenían que desfilar los chicos¿recuerdas? pero me alegro de compartirlos.
Nos vemos en ese café.

Ana Chéliz dijo...

Hola Francisco, yo también pienso que el arte tiene esa capacidad de cambiar nuestras vidas en muchos aspectos, y en ese sentido el tango a mi me la ha cambiado totalmente.
Un saludo desde España!

Esther! claro que me acuerdo!! tb me dijiste que me conocías de algo más que no tenia que ver con el tango.... y que aún no me has dicho!! :-)

Esos pensamientos no los veo tan diferentes!...quiero decir, que por supuesto que tienen que ser dos los que hagan todas esas cosas que has enumerado, pero que el entendimiento, la comprensión, el pensamiento, las labores cotidianas,etc... y llevado a mundo del tango, el abrazo, el ritmo, sentir la música,...es maravilloso cuando el trabajo de dos, se funde en uno, y es solo cuando esos 2 forman un buen equipo que trabaja como si fuera una sola persona.

Gracias a los 2 por colaborar en este texto, que "me lo han prestado"

Un abrazo,

Ana