martes, 22 de enero de 2008

Todos habremos perdido...


Para mi es inimaginable lo que se siente en la cresta de una montaña, con abismos hacia los dos lados, una visión de las montañas indescriptible, viendo todo el camino que falta por hacer, y encima el sol, que sigue su camino impasible hacia el ocaso.

Un amigo me explicaba que subido en la cresta de una montaña, se junta el temor con la excitación del lugar, la tensión de los pasos complicados con el subidón de las vistas, la preocupación por los que no están ahí contigo (tu familia, tus amigos,..) y que no quieres que pasen un mal rato, y hace que le tengas aversión al hecho de que tengas que pasar la noche ahí arriba.


Así que no queda otra que mirar hacia adelante, ponerte a andar paso a paso y olvidarte del dolor, del cansancio, la sed y todo. En esa situación no puedes rendirte y dejar que los demás te solucionen la papeleta, también ellos cargan con lo suyo, y si puedes has de hacer un esfuerzo para ayudarlos incluso. Hay que obligar a la cabeza a que sea tu aliada, no tu rémora.
Y la vida y la montaña son iguales, en los momentos duros hay que tirar hacia adelante, fortalecerse uno mismo y no dejar que te venza nada... Son momentos que marcan un carácter, y hemos de pensar en nosotros y en los que nos quieren.

Hay que ser fuerte por las personas que te quieren, no sólo por ti, no dejes que la tristeza te venza, es sólo un mal momento que pasará como llegó, 'aprovéchalo' para crecer como persona.

Otra amiga me dijo una vez, sigue así, no cambies NUNCA, porque si tu cambias todos habremos perdido…, en ello estoy.