viernes, 8 de febrero de 2008

Fragmentos extraordinarios. Diálogos con el maestro, por Paulo Coelho


Parte 1. El viaje.



Dices que hacer el Camino de Santiago es importante. Para eso tengo que abandonar todo por algún tiempo: familia, empleo y proyectos. Y no sé si encontraré la misma situación cuando regrese.

Espero que no la encuentres.


Entonces, ¿debo arriesgarme a perder todo lo que conseguí hasta ahora?


¿Perder qué? Un hombre solo tiene su alma para ser ganada o perdida; aparte de la vida, no posee nada más. No importan las vidas pasadas o futuras, por el momento estás viviendo ésta, y debes hacerlo con comprensión silenciosa, alegría y entusiasmo. Lo que no puedes perder es el entusiasmo.- Tengo una mujer, y la amo. Esta es siempre la disculpa más común y la más tonta posible. El amor nunca impidió a un hombre seguir sus sueños. Si ella realmente te ama, deseará lo mejor para ti. Además, tú no tienes una mujer a la que amas; la mujer no es tuya. Lo que es tuyo es la energía del amor, que diriges hacia ella. Puedes hacer eso desde cualquier lugar.


¿Y si yo no tuviese dinero para hacer la peregrinación? Viajar no es siempre una cuestión de dinero, sino de valor. Tú pasaste gran parte de tu vida recorriendo el mundo como hippie: ¿qué dinero tenías, entonces? Nada. Apenas te alcanzaba para el pasaje, y aún así creo que fueron algunos de los mejores años de tu vida, comiendo mal, durmiendo en estaciones de tren, incapaz de comunicarte por causa del idioma, obligado a depender de los otros hasta para descubrir un refugio donde pasar la noche.

Viajar es sagrado: la humanidad viaja desde la noche de los tiempos, en busca de caza, de pasto, de climas más amenos. Son raros los hombres que consiguen comprender el mundo sin salir de sus ciudades. Cuando viajas y no me refiero al turismo, sino a la experiencia solitaria de viaje cuatro cosas importantes suceden en tu vida:


a) estás en un lugar diferente. Entonces, las barreras protectoras ya no existen. Al principio esto da mucho miedo, pero al poco tiempo te acostumbras y pasas a entender cuantas cosas interesantes existen más allá de los muros de tu jardín.


b) porque la soledad puede ser muy grande y opresora, tú estás más abierto hacia personas con quienes normalmente no cambiarías palabra si estuvieras en tu casa, como camareros de restaurante, otros viajeros, empleados de hotel o el pasajero sentado a tu lado en el autobús.


c) pasas a depender de los otros para todo: conseguir hotel, comprar algo, saber como tomar el próximo tren. Descubres entonces que no hay nada malo en depender de los otros sino que, por el contrario, esto es una bendición.


d) estás hablando un idioma que no comprendes, usando un dinero cuyo valor desconoces, caminando por calles por donde nunca estuviste. Sabes que tu antiguo Yo, con todo lo que aprendió, es absolutamente inútil ante estos nuevos desafíos, y empiezas a descubrir que, enterrado allá en el fondo de tu inconsciente, existe alguien mucho más interesante, aventurero, abierto hacia el mundo y las experiencias nuevas.



“Viajar es la experiencia de dejar de ser quien te esfuerzas en llegar a ser para transformarte en aquello que eres.”